El veganismo no es una cuestión de “reducción del sufrimiento/demanda”

Las personas veganas no somos veganas porque queramos “reducir el sufrimiento” o “reducir la oferta” de productos de origen animal. Somos veganas por una cuestión de justicia fundamental.

Decir que somos veganas/os porque “queremos reducir el sufrimiento” o “la oferta” es consecuencialista/utilitarista, y por tanto, es una postura contraria a los derechos de los animales.

Me explico:

Alguien “consecuencialista” es alguien que cree son las consecuencias de una conducta las que determinan si una conducta es buena o mala.

Alguien “consecuencialista” no puede, por definición, oponerse a cualquier forma de uso de los animales ni cree, tan siquiera, en la existencia de “derechos” (cosa que sí hacen los veganos abolicionistas).

¿Por qué no?

Porque, en ocasiones, el uso de un animal puede tener “mejores consecuencias” que el no-uso. Por ejemplo: matar a un animal puede tener “mejores consecuencias” que no matarlo. Yo podría justificar que matando a una persona, puedo utilizar sus órganos para salvar la vida de 4 personas. Así pues, no podría negarme a la utilización de esta persona a menos que apelase a un derecho: “el derecho a no ser utilizado como recurso”.

Un derecho es, pues, una protección no consecuencialista a un interés.

Es decir, es una protección que se aplica a alguien *independientemente de si las consecuencias que tendría no protegerlo son beneficiosas o no para los demás*.

La postura contraria al consecuencialismo es el llamado “deontologismo”.
Una teoría deontológica defiende que la moralidad de una conducta no depende de las consecuencias de esta, sino de la apelación a un derecho moral.

Y esto es lo que hacemos quienes defendemos los derechos de los animales (humanos o no humanos).

Los veganas/os somos veganas/os porque estamos en contra del uso de animales por parte del ser humano, es decir, consideramos que, al igual que los seres humanos tienen *derecho* a no ser considerados “propiedad” de otros seres humanos (esto es, “a no ser esclavos”), los animales no humanos también deberían tener este derecho puesto que no existe ninguna razón no arbitraria para no extenderlo. La razón por la cual no se ha extendido hasta el momento es por una discriminación en base a la especie llamada “especismo”.

Por lo tanto, no consumiríamos productos de origen animal aunque no “redujéramos el sufrimiento” o no “redujéramos la demanda”.

Es decir: ni aunque encontrásemos comida no-vegana en la basura ni aunque nos encontrasemos un animal muerto atropellado.

Jamás en el movimiento feminista se habla sobre sobre si “violar el cuerpo de una mujer que te encuentras muerta es ético o no, porque ya no es sintiente ni sufre” ni nos preguntaríamos si “bueno, pero, ¿y si nadie me ve mientras violo su cuerpo?”.

Estos debates sólo se dan en el movimiento animalista, probablemente, como consecuencia de un especismo arraigado y de una concepción errónea de que el veganismo es una “reducción del sufrimiento”, cuando no es así.

Para una persona vegana, la piel de un animal no es ropa ni su cuerpo o derivados son comida. Son la piel o el cuerpo de alguien que ha sido utilizado injustamente como un simple recurso. Por ello, ni la compramos ni la usamos. Ni de primera mano ni de segunda, ni si pagas por ella o no pagas por ella, ni si te ven los demás o no. Es una cuestión de principios éticos de respeto a los demás.

Los animales no son recursos, ni sus cuerpos muertos (o derivados) son “productos” para nuestro consumo/utilización.

Por favor, si aún no eres vegana/o, hazte vegana/o. El veganismo es lo mínimo que debemos hacer para respetar a los animales.

Si ya lo eres, por favor, promueve el veganismo como base moral de maneras creativas y no violentas.

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